Las lecciones de un burro

A principios del 2018, trabajé en una pequeña granja en los Pirineos en el sur de Francia. Durante casi un mes cohabité con un burro, un cerdo, tres caballos, ovejas, cabras, gansos, gatos y gallinas. Mientras yo buscaba aprender sobre la rutina de la vida de granja y el proceso de hacer queso de cabra, nunca imaginé que Whiskey el burrito me enseñaría lecciones mucho mas valiosas.

 Crecí en la pequeña ciudad costera de Ensenada, México, que queda en la entrada el hermoso Valle de Guadalupe, definitivamente no crecí en el campo, pero podría estar allí en solo 15 minutos. Mi interacción con los animales se limitaba a las mascotas domesticas, las visitas al zoológico, y la ocasional visita a las granjas cuando íbamos al campo. En estas visitas montábamos a caballo, que cuando no estaban siendo montados, solían estar encerrados en sus establos, de esa manera los mantenían bajo control alejados de otros animales.

No fue hasta que visité la granja en los Pirineos el año pasado que fui testigo de cómo actúa un animal libre. La granja no era una granja común y corriente, era una granja familiar de 25 acres de terreno abierto donde los animales podían vagar libremente e interactuar entre sí. Aparte de los gatos y los perros, yo nunca había visto a creaturas de diferentes especies convivir , y me refiero no solo a interactuar, sino a tener  vínculos de amistad. Como mucha gente, crecí creyendo que los animales son creaturas lindas y peludas que comen, defecan, se reproducen y mueren, pero al parecer, los animales también tienen sentimientos.

Amistad animal

Un día, posterior a una fuerte tormenta eléctrica, salí a caminar y a apreciar los rezagos de la lluvia. Mientras contemplaba el hermoso paisaje, dos caballos galopaban con toda su fuerza a través de los campos abiertos, uno persiguiendo al otro para finalmente alcanzarlo y morderlo en el trasero. Al ser alcanzado, el otro caballo reacciona y comienza  a perseguir a su amigo. Podía escucharlos relinchar y hacer todo tipo de ruidos, ruidos de caballos felices. Esto se prolongó aproximadamente 5 minutos sin parar. Después de que este juego de “la traes” terminó, se acercaron a mí donde había un gran charco de barro y se revolcaron sobre sus espaldas, completamente enlodando su pelaje blanco. Parecían perros jugando. No podía creer lo que veía, su energía era contagiosa. Jamás había visto jugar a un caballo, ni expresar tanta alegría.

Así también había algunas amistades en la granja que eran particularmente fuertes. El perro de la casa y el cerdo tenían un vínculo innegable; cada vez que el perro tenía la oportunidad de escapar al lado de la granja donde vivía el cerdo, corría en círculos alrededor del corral, ladrando, moviendo la cola y saltando de emoción. El cerdo le correspondía saliendo de su casa cuando lo escuchaba venir. 

De entre todos los animales, sentí una conexión especial con Whiskey el burro,  sobre todo porque era muy lindo y tenía una personalidad muy suave y dulce. Todos los días alimentaba a Whisky a las 7 de la mañana, y después de comer, Whiskey me seguía, me empujaba suavemente el brazo o la espalda como si exigiera que lo acariciara. 

Tequila

Whisky fue uno de los primeros animales en llegar a la granja hace años, junto con el caballo Tequila. Habían sido del mismo dueño anterior, así que se puede decir que crecieron juntos. Un día, pensé que Whisky se había ido al bosque y no podía encontrarlo. Lo estaba buscando por todas partes, y finalmente, lo vi llegar desde muy lejos. Comencé a correr hacia él con la intención de guiarlo de regreso a la granja. Tequila, quien percibió que me acercaba hacia su amigo de manera agresiva, comenzó a cargarse hacia mi, haciendo sonidos de enojo. Inmediatamente comprendí que ella pensaba que yo estaba atacando a Whisky, así que salió a proteger a su hermano pequeño.

La gran lección

Estas pocas experiencias me enseñaron un lado de los animales que nunca había visto antes, y peor aún, ni siquiera sabía que existía. Estas experiencias me llevaron a humanizar a los animales de tal manera que percibí claramente en ellos sentimientos y reacciones que solo tendemos a atribuir a los humanos (y si acaso a los perros). Por supuesto, sabemos que los animales pueden estar felices o tristes, y que sienten miedo y dolor, sin embargo, son mucho más que simplemente felices, tristes o asustados, son curiosos, traviesos, culpables, celosos, emocionales, juguetones, leales y mucho más.

Esta experiencia ha tenido un gran impacto en cómo percibo nuestra relación con otras creaturas, pero también me hizo ver el enorme desapego humano que existe con el reino animal. Nuestra falta de comprensión de la existencia y profundidad de los sentimientos, asi como de  las personalidades en  los animales, facilita la idea  de que no son más que creaturas menos inteligentes y que debido a la evolución, merecen ser dominadas por las especies más fuertes. Mantener esta distancia emocional es necesario para seguir consumiendo animales, sin culpa.

Esta brecha emocional se ve aumentada por la distancia geográfica entre el centro urbano y las granjas. El mundo esta cada vez mas y mas urbanizado, y en este trayecto vamos perdiendo contacto y acceso a las interacciones con otros animales. Ir al zoológico no cuenta para llenar este vacío ya que está lleno de animales que no solemos usar como alimento (en el oeste) y no podemos interactuar con los animales enjaulados.

 

A medida que los centros urbanos continúen creciendo y las personas pasen cada vez menos tiempo con otras especies animales, me temo que nos despegaremos aun mas de la verdadera esencia de otras especies. Opino que como los miembros dominantes del reino animal, tenemos la obligación moral de aprender sobre otras especies, particularmente cuando se trata de animales de granja, (ya que los usamos para consumo) lo honorable sería exponernos a la humilde experiencia de entender que los animales que comemos son creaturas vivas con los mismos sentimientos que un perro , y no solo tocino.


Todo esto es para confrontar la verdad. Si uno quiere comer carne o no, es una elección personal, pero esconderse dentro de las murallas de la ciudad para no arruinarse el apetito es la cómoda norma.

 

Si eres un citadino nato, te animo a que cierres la computadora y pases un período prolongado en una granja, te aseguro que los animales te enseñaran cosas que no puedes encontrar en google – es una hermosa experiencia.

 

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